Algunos le llaman tolerancia, pero yo prefiero llamarle respeto. Es, esa capacidad que tenemos para comprender que todos somos diferentes. Es, aceptar a todas las personas como iguales sin que esas diferencias nos dividan.
El respeto incluye seguir las reglas, no por temor a las consecuencias, si no porque partimos del convencimiento de que están allí para promover la sana convivencia. Es llevarnos bien sin ofender, sin humillar, sin gritar y sin tratar de imponer nuestro punto de vista por sobre todas las cosas.
El respeto incluye seguir las reglas, no por temor a las consecuencias, si no porque partimos del convencimiento de que están allí para promover la sana convivencia. Es llevarnos bien sin ofender, sin humillar, sin gritar y sin tratar de imponer nuestro punto de vista por sobre todas las cosas.
El respeto no debe confundirse con sumisión. A veces, se utiliza el respeto para pisotear pues se piensa que una persona te respeta si baja la cabeza en tu presencia y sigue tus órdenes sin protestar. El respeto envuelve mirarnos de frente en igualdad, dejando ver el cariño y la amistad. Es poder convivir juntos en armonía, donde cada persona es parte esencial e insustituible del equipo.
El respeto debe estar presente en todos los escenarios humanos. La familia, la escuela, la comunidad, el trabajo... Es lo que aprendemos desde el pre-escolar cuando hacemos fila o compartimos los juguetes. Es lo que ejercemos cuando escuchamos al profesor o practicamos un deporte. Es lo que experimentamos cuando todas las personas tienen la oportunidad de colaborar en la ejecución de una tarea.
Acompáñanos a compartir el respeto. Resuelve las discrepancias conversando y levanta tu frente para mirarnos a la cara y caminar juntos hacia una escuela mejor cada día.